Lectura histórica

Observé el paisaje,

leí toda la voz impresa

Y pague el pasaje y su pesaje para ver mi cara presa,

mis mismas manos traficadas. Mi color subiendo desnudo una palmera,

la letra muerta en un zapato

Mi cuerpo errante transplantado a sus sórdidas macetas.

Una alacena, y una decena de animales pretensiosos dando premios a su antojo en la miseria.

La vida la llamaron

suya con ciencia,

Dura con pena.

Sucia confesa.

con reos en legiones,

con soles falsos y con ciertos.

con religiones

La llamaron suya en nuestra propia cara,

entraron por la sala

y se la llevaron puesta.

Le escribieron música a sus balas,

convirtieron en pecado todas las flechas

porque sus ojos,

y los de sus dioses,

vieron la tierra desierta.

Una isla

sin papeles.

Sin deudas.

Sola por ahí.

Al garete,

al sereno,

sin amo cobrando renta,

sin rey que le montara sus murallas,

sin lobos para sus represas,

Sin soldados para dar la vida por la raya a tinta.

Sin el espacio sideral.

Sin la santa niña pinta.

A sus descendientes se nos ve la cara en la pobreza, y se nos llamó con señas,

porque de otra forma alguien podría vernos y testificar.

Nos arrodillaron a la fuerza frente a sus babosos dioses, nos pisaron sus devotos, nos enseñaron a dibujar equis para 

dar votos y a

chocar ruidosamente las manos para hacer nuestros sus logros.

En sus pilas bautismales y en sus largas listas de demonios, nos pusieron de nombre nada, y de apellido nadie.

Nos dieron rifles para proteger sus anidajes,

nos dieron pelotas y los naipes.

nos enseñaron a ser humus para plantas de perseguidores, nos dieron tablas sin taquilla.

Y en las jardineras de “square gardens”,

soñamos con ser flores rancias

para sus marquesinas tibias.


Leído en “Poesía pal barrio” auspiciado por el MAC, 12 de noviembre de 2022. En Librería La Esquina.

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