Vivo con esta sensación de querer ser mencionado en otros nombres.
Avergonzado de ser hombre,
condenado por todas las buenas intenciones que nos llaman.
Castigado con la altura de la ofrenda y el pedido de la flama.
Respiro agua y veo llorar la hoguera.
Una interminable peste a cuerpo indeseable me domina.
Me ha corrido mi carne humana en crucifijo,
y se revela.
La paranoia convertida en el entierro.
La certeza del condenado,
la sensación a destierro,
el poderío del amo,
y mi amor grande defendiéndome de cristos…
Quise huir de mi propio nombre sin saberlo.
Quizás por rebeldía,
quizás por el suicidio,
pero estuve siempre equivocado en lo que quise,
y sigo siendo el típico cliché ante el abismo,
Como cualquier nombre,
Como cualquier quicio.
Leído en “Poesía pal barrio” 12 de noviembre de 2022. Auspiciado por el MAC en Librería La Esquina.